El origen de los bancos

El origen de los bancos

Hace unos meses les relatábamos de la forma más amena posible (sentimos no haberlo conseguido tanto como nos gustaría) el origen de los créditos. En dicha historia se recurrió en varias ocasiones al término “banco” lo que nos lleva a este punto.

¿Cuál es el origen de los bancos?

Intentando continuar con el tono de los pasados artículos, nos vamos a adentrar en esta nueva historia. Dando unas pinceladas al tema sin intentar abarcar todos los entresijos de la misma.

Todo, como no, empieza con el dinero; según nos han contado desde siempre surgió como la evolución natural al trueque. Al no haber dinero, y querer intercambiar bienes, se necesitaba de la doble coincidencia de que uno tuviera justo, lo que el otro tenía y viceversa.

Aunque ya adelanto que está historia no tiene porqué ser del todo cierta, los antropólogos no se ponen de acuerdo en este punto y apuntan a diversas soluciones que se pudo adoptar para solventar este problema; como la planificación descentralizada, las economías informales de donaciones o los pagarés  denominados en vacas.

El premio Nobel Sir John Hicks , importante en la economía del siglo XX trata precisamente este tema en su libro Theory of Money. Aunque quizá con este libro no sea suficiente para entender lo que un banco moderno hace, o al menos, debería hacer; desde luego es un buen punto de partida.

Con este preámbulo, aquí empezamos nuestro viaje por la historia bancaria. Comenzamos en un mundo donde el dinero ya es la forma habitual de pago y divide una transacción en 3 partes:

  1. El comprador y el vendedor llegan a un acuerdo sobre lo que se va a vender y a qué precio.
  2. El comprador entrega los bienes
  3. El pagador entrega el efectivo

Nótese, que el primer paso es fundamental y (obviamente) ha de ser el motor de los otros dos; pero tanto el pago como la entrega pueden hacerse en cualquier orden y en cualquier momento después del primero; eso sí, siempre y cuando cumplan lo establecido en el punto 1 entre las partes.

La diferencia entre la contratación y el pago, ese retraso entre el uno y el potro, es lo que llamamos crédito. El crédito es una idea muy antigua y fundamental para las economías modernas. Hicks esgrime que el “pago en el acto” es en realidad un caso en la historia poco común, al menos para pedidos de cierto tamaño.